martes, 9 de septiembre de 2014






                                                                          Por: Heraldo Sifontes Ágreda



El mundo en que vivimos es uno de competencias. No aceptarlo y más aun querer negarlo, es una ingenuidad. La competencia es entre humanos, equipos y países. Por eso consideramos que la competitividad del país es asunto muy serio, al que debemos darle prioridad porque es la necesaria y amplia avenida que conduce al desarrollo. Esa avenida espera impaciente porque el liderazgo político comience atransitarla sin complejos. Según el Centro de Competitividad Mundial (CCM), con sede en Lauzana, Suiza, Venezuela ocupa el último lugar de un “ranking” que anualmente este centro presenta de las economías más importantes del mundo.
 La economía de Venezuela se encuentra en una profunda y larga fosa, de la cual es imperativo salir. El resultado del 2012 es idéntico al del 2006… último lugar. Cuando empezamos a indagar cuáles son los criterios por los que nos califican, encontramos que el CCM utiliza  4 factores, 20 sub-factores y entre los últimosencajan más de 300 criterios. Sólo citamos ahora los 4 factores: la gestión económica, la eficiencia del gobierno, la eficiencia de los negocios y la infraestructura existente en el país. Uno de los criterios, bajo “la eficiencia de los negocios”, es la productividad de las empresas. Pero, a pesar de estar conscientes de que son las empresas las únicas que producen riqueza, las acciones de los empresarios sólo tienen un 5% de influencia en la competitividad del país. El 95% restante recae en las políticas y acciones de las instituciones del Estado.El ser competitivo como objetivo macro del país implica entonces que lasinstituciones, todas, en su quehacer diario, apoyen a las empresas a ser productivas. Y también es obligante que las empresas pongan su mayor esfuerzo en ser cada vez más productivas, y lo sean. Pero hay un asunto de la incumbencia del Gobierno: primero hay que producir más para intentar el ser más productivo. Es decir, es necesario que el país tenga muchos renglones de producción y las empresas encargadas de ellos sean cada día más productivas. Un cambio en la forma de pensar y actuar de los ejecutivos en la Junta Directiva de una empresa puede ser la clave para aumentar la productividad en su gestión. La propuesta de cambio que aquí hacemos es la de la mejora contínua, poniendo más énfasis en los sistemas, procesos, procedimientos y métodos de trabajo que en el líder de cada equipo de trabajo, evitando con ello la fugacidad de los resultados que se hace obvia en las empresas con cada cambio de líder.
 A partir de esta primera entrega relataremos nuestra experiencia en la refinería aludida con un grupo de más de 2.000 personas. En síntesis: hay que establecer, como forma habitual de hacer las cosas, el trabajo en equipo y la mejora continua, sistema mediante el cual se determina la causa raíz de los problemas o desviaciones y se toman acciones correctivas. Los beneficios para las empresas serán resultados financieros visibles e importantes.
 Una vez adoptado este tipo de gerencia por todas las empresas, incrementará la probabilidad de que el país sea más competitivo, siempre y cuando las instituciones del Estado apoyen a las primeras en su objetivo fundamental de ser más productivas. Necesitamos de un rápido progreso. Entonces, no re-inventemos la rueda. Empresas públicas y privadas y entes del Estado, todos, podemos hacer este intento. Finalmente, busquemos una forma de recompensar la productividad y formemos consciencia de ella.

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